
Si algo define la cultura de Internet y, por extensión, la de su época, es el concepto de velocidad, muy por encima de cualquier otro de sus supuestos adelantos. Si, una vez descartados los cada vez menos valiosos valores de la calidad y los contenidos, la eficacia global de internet se mide en megas (a ver si te enteras), la eficacia de nuestro progreso se mide, también, en la rapidez en que un adelanto supera al anterior. Con este doble criterio de eficacia, podemos bajarnos series y películas casi inmediatamente después de que se emiten o se filman, y podemos, también, conseguir cada vez más rápidos aparatos y tecnología que convierten en primitivo todo lo que ocurrió antes.
El vacío de la velocidad. La frase de una vieja canción, «No sé lo que quiero pero lo quiero ya», parece expresar de la mejor manera posible de qué se trata todo esto...
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